El salón estaba repleto, en su enormidad observaba a la gente con curiosidad y asombro, todo parecía brillar. La música guiaba a la multitud a su antojo, lo relativo fluía como una película.
La soledad era fiel acompañante de algunos pocos, pero no parecía importarnos, solo podíamos ver ese esplendor que cegaba nuestros ojos necesitados.
En ese momento, en el que todo parecía ser perfección, cerré los ojos y me dije: "Fairy tales can come true".
Creí y creo que la imaginación es más fuerte que el conocimiento, que el mito es más potente que la historia, que los sueños son más poderosos que los hechos, que la esperanza siempre triunfa ante la experiencia, que los cuentos de hadas no solo son para niños...